miércoles, 15 de octubre de 2014

Háblame de amaneceres y tormentas.

Sé que piensas que soy una niña cuando te pido que me cuentes cuentos.
Necesito que me hables de amaneceres, de tormentas, que me pintes el cielo con tonos pastel, con carboncillo, como cuando hacías retratos y pasabas horas sumergido en un folio, defendiéndote del mundo con un pedacito de carbón. Me gustaba verte pintar, era algo realmente tranquilizador, sentía como le salían alas a tu alma y de vez en cuando notaba caricias en la mejilla, tus miedos volaban lejos y me besaban en la frente prometiéndome no regresar nunca. Sabían que no ibas a volver a necesitarlos.
Era bonito intentar acompañar con palabras cada uno de tus trazos.
Cuéntame un cuento, pero que no sea de princesas.
Háblame de la lluvia, de cómo se mecen las mareas, del plenilunio, de caballos alados, de deseos que se cumplen. De amor, háblame de amor.

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