miércoles, 18 de noviembre de 2015

Ella

                                                                                                   15 de mayo de 2014


Cómo explicaros que hace ya días que hay algo que no marcha.
Que tengo algo aquí dentro que ha dejado de funcionar, o que quizá no funcionó nunca y ha empezado a hacerlo ahora. Sí, puede que sea eso, que tengo aquí dentro algo que hasta ahora estaba roto y ahora sin preguntar ni pedir permiso, sin ninguna ayuda, se ha arreglado. Ya os digo que podría ser al contrario, porque a cada paso que doy voy perdiendo fragmentos de cristal, y desde luego que al menos en lo que a mi alma respecta, no pide permiso tampoco para romperse.
Lo que quiero decir es que no sé que pasa. Quizá mirarme al espejo sea hoy un poco más triste de lo habitual, quizá sea que todas las cosas terminan, por muy bonitas que sean.
No tengo ganas de escribir. Pensaba que no iba a pasarme, pero ha pasado. Como el invierno, que ha pasado de largo sin ni siquiera dar las buenas noches, que parecía no acabar nunca y mira, resulta que hay flores blancas en el porche. Tan blancas que diría que son escarcha. Quizá el problema sea que me he convertido en invierno y la primavera me ha arreglado, pero a la vez me ha hundido, y no sé hasta qué punto es malo. O bueno.
Sigo pensando en ella, ¿sabéis? En encontrarla al doblar cualquier esquina, en encontrar a la chica del pelo rojo y los ojos brillantes. La de la sonrisa triste. Pero espero que si llego a encontrarla, esté contenta, que se ría como antes, y hasta los gorriones se giren para mirarla y reír con ella. Que siga despeñándose por abismos de compases, de melodías y de puntos y a parte. No sé, que sea ella. Que sea yo, que quizá me tenga delante y aún no me haya visto, o quizá no me he reconocido. El caso es que ya no encuentro metáforas ni rimas, y quizá sea que estoy más cerca de lo que pienso. OCómo explicaros que hace ya días que hay algo que no marcha. Que tengo algo aquí dentro que ha dejado de funcionar, o que quizá no funcionó nunca y ha empezado a hacerlo ahora. Sí, puede que sea eso, que tengo aquí dentro algo que hasta ahora estaba roto y ahora sin preguntar ni pedir permiso, sin ninguna ayuda, se ha arreglado. Ya os digo que podría ser al contrario, porque a cada paso que doy voy perdiendo fragmentos de cristal, y desde luego que al menos en lo que a mi alma respecta, no pide permiso tampoco para romperse.

Lo que quiero decir es que no sé que pasa. Quizá mirarme al espejo sea hoy un poco más triste de lo habitual, quizá sea que todas las cosas terminan, por muy bonitas que sean.
No tengo ganas de escribir. Pensaba que no iba a pasarme, pero ha pasado. Como el invierno, que ha pasado de largo sin ni siquiera dar las buenas noches, que parecía no acabar nunca y mira, resulta que hay flores blancas en el porche. Tan blancas que diría que son escarcha. Quizá el problema sea que me he convertido en invierno y la primavera me ha arreglado, pero a la vez me ha hundido, y no sé hasta qué punto es malo. O bueno.
Sigo pensando en ella, ¿sabéis? En encontrarla al doblar cualquier esquina, en encontrar a la chica del pelo rojo y los ojos brillantes. La de la sonrisa triste. Pero espero que si llego a encontrarla, esté contenta, que se ría como antes, y hasta los gorriones se giren para mirarla y reír con ella. Que siga despeñándose por abismos de compases, de melodías y de puntos y a parte. No sé, que sea ella. Que sea yo, que quizá me tenga delante y aún no me haya visto, o quizá no me he reconocido.

El caso es que ya no encuentro metáforas ni rimas, y quizá sea que estoy más cerca de lo que pienso.
Ojalá esta vez tenga suerte.






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